¿DONDE ESTAS JOSE AGUSTÌN QUE NO TE VEO?
flores en sangre - 09-01-2006 07:58:41 | Categoria: Hoteles Piojito
…Yo que estuve en el lado salvaje digo que nunca pienso volver…José Agustín, Parmènides Saldaña, Gustavo Sainz y resuenan sus centros la tierra. Mi primera época de Universidad era su edén trasnochado, la onda lo serìa lo es, ¿lo será? : La cabalgata inicial de jovenzuelos artistantos, periodistas, desrigorizados, visitantes frecuentes o de oídas a los parques de diversiones “Bukowsky, Kerouac, Winsberg tantos etc. Playa todavía muy ochentas, aguardábamos residuos salados, de antiguos ondeajes. Gabriela Roel una bañista muy desnuda que se sabe las de Rockdrigo. La botella “Splaglishera Neologista”. Estética fonética y chin chin el teporocho. Hoyos arenosos de bajos fondos Funky.
Lo que tantos de esos auleros de entonces, antes y quizás después realicemos en el plano creativo: / Por que la palabra arte exige hoy maquillaje y close up/ estará ampliamente bordeado por algunos oportunos pero liberadores e inteligentosos “Ludismos literarios” de la onda convertidos en recurso de identidad multicitaria”.
Solía fantasearme Parmènides Saldaña, solo por ficcionar la ansiedad maniaca que me producían los vidrios, conservar mi "Nadie sabe como"alto promedio escolar y la soledad tormentosa. Insanìa disfrazada de adolescencia pelona. Sainz me era harto ajeno para entonces pero José Agustín marcó el ritmo de la repetición de la letra y luego de la mota. Admiraba tanto al cabròn que ante sus libros era una imberbe temblorosa escuchando a un cantante de rock.
Hace quince años ya, que leí por primera vez “Ciudades desiertas”, cuyo texto publicado en 1982 contiene un amplio muestrario de sus recursos de estilo apegados a una cierta estilización del: “To beeer o not to beer” clase mediero juvenil, que el escritor embarró a las mexicanas letras. Nadie trae a la piñata que José Agustín haya inventado a los Beatles, pero es sano conceder que les reventó la olla a màs de una urbana generación.
Un año después le darìa una segunda revisada al texto, muy en la frecuencia de mis treintañeros (algunos bastante menores que eso) profesores cargados de sueños contraculturaleros, ellos aspiraban entonces, de una u otra forma, a la oferta, presente entre aquellas hojas y nosotros, a su parecer, lo haríamos, tarde que temprano.
Ayer la nostalgia me obligo a darle la tercera vuelta y la final. Me reí como loca a grandes tramos, encontré el ingenio, el humor y ese canal seguro de José Agustín para berrear las cosas que le dan hueva con su afán, entonces intacto, de “Desacralización” bien lograda, aunque harto light. El retrato perfecto de un contexto especifico. Su yo y mis cuates: Aún letra fresca en todas partes. Y ni pedo la obligatoriedad de la edad que inescrupulosamente te obliga a advertir estructuras, citas y bien aplicados y vigentes homenajes burlones, a checar el ritmo y más más allá de la elisión, la velocidad de los diálogos y los masificaciòn de las palabras que es una herramienta natural en el hablar cotidiano, es esta puta certeza de que no volveré a esconder un cachito de porro celosamente pa disfrutarlo escondidas mientras se me escurre entre los ojos un texto de José Agustín. Ni podré combinar “La tumba” con tragos abundantes a un viejo ron oculto bajo mi cama sintiéndome una heroína.
No somos los mismos. ¿Dónde dejo el blues José Agustín?... Me da hueva la mota… Hace unos meses de tan borracha consiguieron sacarme solo hasta que ya estaban las luces arriba y sonando Shakira, así que yo en represalia me bebí las babuchas de todas las mesas en compañía de alguien AA, es acaso necesario aclarar que no he vuelto a tomar alcohol desde entonces (exceptuando que me emborrache con tequila pero como lo combiné con jugos de dieta no cuenta)” Vida con mi viuda” es cruda de ruco (tal como las mías) es un rola vieja remezclada…
Terminé de leer mi PDF de “Ciudades desiertas el sábado las siete de la mañana esta vez solo café, pendiente del celular a causa de trabajo, guantes, calcetines y mucho cansancio… No me quejo, esta época es absoluta y brutalmente mejor que las pasadas, era chida la ruina, el orgullo de ser una mierda… el azote. Alcohol, la calle, la vaguez, nunca pensar el futuro… pero un día terminó la magia y volvió a ser automarginalidad trasnochada, rana y pretexto (amerita la tonta rima) y en mi experiencia escribir estando pedo: mamada y exceso. “Ciudades desiertas” fue aquellos tiempos uno de mis libros favoritos y ya ni siquiera puedo recordar por que… esa puta mediatez, al apagar el monitor y dejar a oscuras “Ciudades Desiertas, tuve la sensación dolorosa de haber escuchado un tristeado cover menor
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