Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

Flores en sangre rock y hierbas

Literatura sucia, rock, cine, futbol y otras hierbas

EL POETA :RODOLFO NARO

No recuerdo exactamente la primera vez que lo vi, así, de veras, quizás por que otros personajes más ruidosos interceptaron mi curiosidad, hablando entre ellos de añorados compañeros que habían dejado vació su sitio en aquella mesa de debate semanal o en arroyos de libros que me avergonzaba ni siquiera conocer.

Aunque a Naró era difícil no notarle instantáneamente, por que se lo podía percibir en su aroma concentrado y a la vez ligero, sentirlo de soslayo a través de su mirada manoteando la prudente distancia, cercándote al fin a mirarle. Entonces el efecto se volvía duradero, sus pupilas dilatadas y temblorosas, abrochaban hábilmente tu atención, así, marrones, altaneras.

Necesito tener vacaciones de mí.
Descasar de mí mismo
Dejar mis zapatos italianos, mis pantalones de casimir,
despreocuparme de mis uñas, afeitarme cada semana,
caminar despacio, olvidarme de rencores.
Tomar pocas cosas con seriedad, reír aún más,
Viajar a Teotihuacan, o estar en Roma y disfrutar.
Olvidar a propósito mi secadora, mi hilo dental.
Extraviar mi reloj y con el un día más,
no ser tan perfeccionista y juzgar sin piedad.
No amanecer con las abdominales en las costillas,
con ganas casi mecánicas de correr,
preocupado por la transpiración de mi piel,
por la camisa bien fajada, zapatos boleados,
cuidando el estilo y lo que pensarán los demás.


Todo en Rodolfo parecía recién expuesto, su rostro armonioso, su barba detallada, sus manos toscas a la vez, tan pequeñas y cuidadas. Recuerdo sin borrones sus playeras blancas, perdiéndose en los anchos hombros, tendidas con gracia sobre su torso firme, pero sobre todo, su férrea voluntad de lanzar una amarra tan esperanzadora como sincera, a todo aquel que se hallase ahogado y con las rodillas molidas ante un deslave de opiniones adversas.

Disimulaba con categoría su antipatía hacia el músico prestigiado del taller, tanto como derramaba su admiración por Guillermo Samperio. Estético hasta las cicatrices, Naró el del nombre rimbombante, entibiaba la poesía entre los muslos inundando de sexo los dedos.

El ultimo discípulo del poeta Elías Nandino cuenta :”Necesitaba la orientación de un verdadero poeta, por eso fue que lo busqué, en su casa de Cocula. Ahí una persona me dijo que estaba hospitalizado en Guadalajara” Al llegar al sanatorio Rodolfo encontró la puerta entreabierta y entró con sus poemas bajo el brazo. “murmuraba un nombre Lourdes, temblando”

El joven poeta quiso salir en busca de ayuda pero Nandino se lo impidió y Naró entendió al fin su orden:” Caminé al baño, cogí el pato”. A partir de ese día cada fin de semana viajo a Cocula para visitar al maestro y repasaron juntos uno de sus libros favoritos:” Erotismo al rojo blanco” y la tarea semanal consistió en tratar de mejorar lo leído y así fue como nacieron aquellas confesiones entre líneas que Elías Nandino denominó Alburemas. “Estos versos narran pasión y desenfreno, desnudo no solo mi corazón, sino también mi sexo y escribo mis intimidades entre las sabanas en la penumbra de la noche.

SÁBADO
Son apenas las diez de la noche
y ya estoy en la cama
enredado con las verdes sábanas.
Hundido en un infierno de sueños,
consumiéndome en la hoguera
De mis dedos.
Como loco, poseído por mis más
bajos deseos.
Con mi carne ardiendo
de lujuria y desenfreno
Excitado de los pies
hasta los pelos.
Son apenas las diez de la noche,
y ya estoy en la cama, solo

abrazando mi propio cuerpo.


Solía verlo apurado, aunque jamás descompuesto por que su tiempo de becario de CONACULTA estaba concluyendo, oscurecido una vez más entre los otros personajes escuchando serenamente la crítica ante un capitulo de una novela de campesinos, que escribía afanosamente, donde el sol iba absorbiendo los charcos con su pajilla invisible, con imágenes cargadas de olores y chiles en nogada y un extraño piano revelándose protagonista entre sus páginas.

Alguien me regalo el tríptico de la presentación de su último libro “Del rojo al púrpura. Esa misma tarde corrí a comprar aquel libro sin poder evitar evocarlo en cada línea y por primera vez olvidando al compañero de intoxicante encanto para advertir al poeta.

Por una larga temporada lleve el libro entre mis cosas, queriendo hablarle de ese hallazgo , antes oscurecido por su sencillez la cotidianeidad y su encabronante atractivo , otros talleristas, narraron las aventuras y desventuras de Rodolfo aquí y allá pero yo , no volvì a ver màs al poeta Rodolfo Narò

Referencias

Dirección para referencias

Comentarios


Recordar datos


Flores en sangre rock y hierbas © Todos los derechos reservados al autor
Sindica este sitio usando: RSS 1.0, RSS 2.0, Atom.
Esta bitácora se mantiene con Bitacoræ.
LaInformacion.com lainformacion.com - Medio Oficial de los Premios Bitacoras 2009